Durante la última campaña electoral simplemente dejé de usar el Twitter y cualquier otro medio para externar mi opinión sobre el proceso.
¿La razón? Las pasiones desbordadas de quienes estaban a favor de Andrés Manuel López Obrador, así como de los ataques burdos y sin sentido de quienes se oponían y oponen. Las opiniones auténticas de un sin fin de chairos vs pejefóbicos y viceversa rayaban en lo inútil, convirtiéndose en un monólogo sectario imposible de siquiera leer. Y todo agravado con los bots para desfigurar lo auténtico, aprovechándose de lo mismo: crear un mundo virtual que afecte la realidad mediante la siembra de opiniones, a favor o en contra.
Y luego los memes... Algunos muy ingeniosos; pero otros verdaderamente patéticos...
Decidí ni leer hasta que pasara la contienda.
Las opiniones anteriores (pero ahora me refiero a la de los políticos) eran en campaña. Si me voy por la izquierda, que si por la derecha, que si regresamos, que si avanzamos. Lo que fuera estaba en el terreno de las opiniones por si mismas. Podrías estar a favor o en contra, apasionarte o no. Pero eran eso.
Sin embargo, las opiniones ahora se van a convertir en políticas públicas y van a afectar a millones de mexicanos. Obvio, tanto López Obrador como todo su gabinete y grupo de gobierno están seguros que sus opiniones son benéficas para el país.
¿Pero realmente lo son?
Es hora de ponernos serios. Ahora viene el gobierno. Y de ser responsables.
Por ello, no basta con dar opiniones estériles en Twitter. Las opiniones deben de ser serias y para serlo deben de explicarse, y no basta con solo 280 caracteres (por más que ahora sean el doble de los 140 clásicos).
Esa es la razón por la que abro este blog: para dar mi opinión con argumentos. Así pues...
Iniciamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario